Hace ya un tiempo considerable que no me atrevía a insultar a las palabras con mis pensamientos retrógrados e infantiles que hablan sobre fantasiosas lagunas del horizonte. Sin embargo el día de hoy, hay un niño que desea ser descrito por una escritura entrelazada por mis dedos. En honor a el y a su loca aventura de distancias, lejanías y demases, que romperé mi obligada abstinencia literaria y procederé a simplemente escribir...
"La historia del niño y sus cometas que hablaban del querer"
Erase que se era una vez, en un pueblo casi inexistente que quedaba al medio de la nada, y al medio de todo, un niño que solía soñar cada noche recostado sobre el pasto mirando desde su acomodada situación terrenal, a las estrellas que pasaban surcando los cielos. Algunas danzarinas, otras sin embargo estáticas, sin necesidad de moverse debido a que ya habían encontrado en alguna parte del cosmos la sonrisa que tanto deseaban poseer.
Este niño se alegraba y sonreía muy fuerte al ver a aquellas estrellas estáticas plasmadas en la galaxia. Sin embargo siempre le habían llamado la atención aquellas que iban muy rápido, ya que parecían desvanecerse mientras volaban en su vuelo "fugaz" de luz y fuego.
Eran tantas las ganas de tener entre sus manitos una de estrellas fugaces que estiraba sus brazos lo mas alto que podía y en su imaginación siempre lograba alcanzar una. La primera vez que por fin pudo tomar una con sus dedos sintió una mezcla rara de emociones. Una mezcla extraña de sensaciones vinieron a el. Casi instantáneamente. Casi velozmente. Casi como si fuera una realidad.
Cada vez que se percataba que en sus manos tenía una estrella fugaz sentía una mezcla de temor y miedo. La verdad es que no sabía como tratar a este bello ser de luz. No sabía si acercarlo a su pecho. No sabía si traspasárselo de una mano a otra. Lo único que tenia claro era el hecho de que jamás en su vida se había sentido tan feliz. Por fin!!! Se decía a si mismo. Por fin logre mi sueño de tener entre mis manos una estrella fugaz. Sin embargo a los pocos días de haberla obtenido, por un motivo desconocido, casi oculto para el, aquella estrella se alejaba y retomaba su rumbo en los cielos. Fugaz, rápida, melancólica.
Al principio este niño se desanimo mucho, lloró por muchos días. Se encerró en su cuarto. Cerraba la ventana de su habitación para ni siquiera observar la luna. La misma que había sido amiga, consejera y compañera de sus ilusiones y sueños.
Pero como nada es para siempre, este niño poco a poco se fue re encantando con ese cielo estrellado y con ese horizonte solemne sobre el cual, tal pintor de acuarela, posaba sus sueños y su felicidad. Se transformaba en un director de teatro y dirigía su vida llenándola de colores.
Fue así como una vez mas, casi sin darse cuenta se vio una vez mas recostado sobre el pasto observando el cielo. Se pudo percatar que las estrellas estáticas en las alturas habían aumentado su cantidad. Se veían felices y acompañadas cada una muy de cerca por otra estrella que le hacía compañía.
Aunque las estrellas fugaces seguían existiendo, se veían un poquito mas lejanas y rapidas que la vez anterior. Sin embargo las ensoñaciones fantásticas de su corazón hicieron que poco a poco intentará elevar su mano hacia el cielo. Primero levanta su codo. Luego su muñeca. Luego abrió su puño que se encontraba cerrado. Y finalmente estiro por completo el brazo. Al principio sintió un pequeño escalofrío, pero a la vez alegría por su tácito intento de volver a intentar tomar entre sus manos una de esas estrellas fugaces que se veían tan lejanas, pero que en su interior sabía que podría obtener una.
Fue precisamente así. Cuando menos lo espero, se encontraba en su mano una nueva estrella fugaz. Igual o mas bella que la anterior. Los colores que la formaban no era ni especiales ni distintos. Pero para el era hermosa. Inigualable. La apretó contra su pecho, no sin antes dudar de cada movimiento que hacía debido a que no quería que esta termino alejándose de su lado como la anterior estrella fugaz.
Al parecer iba todo muy bien, pasaban los días y la estrella al parecer también le gustaba pasar los días y las noches junto a este niño el cual transmitía sonrisas a través de sus ojos y miradas a través de sus palabras.
Sin embargo cuando todo parecía perfecto, la estrella fugaz poco a poco empezó a tomar altura. Empezó a ser distante. Hasta que un día sin decir adios, desgarrando solo una de sus lagrimas de luz la cual poso sobre el pecho de aquel niño, emprendió nuevamente el viaje.
Cuando recobró el conocimiento, este pequeño infante vivió una serie de contradicciones en su mente. Por una parte estaba triste y por la otra desconcertado. Se pregunto a si mismo una y otra vez que es lo que había hecho que esta estrella fugaz se alejará de su lado al igual que la anterior.
Las amarguras brotaron de sus ojos formando ríos de lamentos. Mares de amargura. Océanos de melancolía.
Se decía así mismo nunca mas volver a creer ni en la luna, ni en el cielo, ni mucho menos en las estrellas que brillaban en el cielo.
Se había dicho a si mismo que nunca mas volvería a mirar el cielo y encantarse con la belleza de un ser de luz, que pudiera elevarlo hasta el infinito con una alegría y luego azotarlo contra con el concreto con una verdad.
Es por eso que decidió dejarlo todo atrás y emprendió un viaje. Uno largo. Uno sin rumbo. Uno sin destino. Un viaje sin retorno.
Poco a poco su alma se empezó a curar. Sus ojos ya no se desangraban cada vez que los recuerdos venían a el, sino mas bien sentía que su alma estaba tranquila y serena.
Cada vez que llegaba la noche a cubrir el cielo, la tentación de mirar las alturas lo hacia inclinar levemente su cabeza. Pero a su vez era tanta la tristeza aun guardada en su corazón que mantenía firme su postura de mirar solo para adelante y avanzaba sin mirar arriba, ni atrás.
Un día iba tan empecinado en su avanzar rápido y torpe no se dio cuenta que al frente de el había una pequeña duna de arena, la cual hizo que se tropezara cayendo acostado sobre la arena.
En ese momento casi por obligación, casi por una fuerza divina volvió a mirar una vez mas al cielo.
Se veía hermoso!!!
Las estrellas eran tan bellas desde aquel lugar. Se dio cuenta que no se parecían a las que solía observar desde su antigua casa. En aquel lugar se dio cuenta que todo era distinto.
Sin bien es cierto extrañaba lo que había dejado atrás, se percato que en otras partes de su camino también existían maravillas que apreciar.
Pero había algo que le impedía volver a elevar su mano hasta las alturas. Ese algo eran los recuerdos.
Tenía miedo. Anteriormente había logrado posar en su cuerpo estrellas fugaces que para el eran especiales y únicas, pero que a pesar de todo se apartaron de su lado.
No quería sufrir nuevamente. No quería. Sin embargo y a pesar de todo estaba ahí. Una vez mas recostado sobre el suelo y mirando las estrellas.
Sin darse cuenta y casi por inercia comenzó a elevar sus manos al cielo, al infinito, al mas allá. Al mundo que se encontraba mucho mas allá de su nariz, y logro tomar una vez mas entre sus manos a una hermosa estrella fugaz.
En comparación a las veces anteriores en las que el antes de tomar una estrella la veía de forma previa tanto su color, como el destino de su magia, esta vez simplemente se encanto con el resplandor de esta estrella fugaz. Tenía algo que ni siquiera el sabia que es lo que era. No lo tenía claro. Lo que si sabia era que algo dentro de si había vuelto a nacer. Algo dentro de si había vuelto a vivir. Algo dentro de si había vuelto a iluminar sus labios de sonrisas y sus mirada de alegrías.
Al pasar unos días y al ir dejando cada vez mas de lado el miedo, se comenzó a dar cuenta que sea como sea se encontraba lejos de su tierra. Se empezó a dar cuenta que estaba sobreviviendo apenas a su suerte y de que debía regresar al lugar donde pertenecía su esencia.
En ese instante miro a su estrella de frente y le dijo que si deseaba acompañarlo en su viaje. En su retorno. Que a lo mejor no tendría que acompañarlo en su totalidad, pero que solo necesitaba un pequeño rayo de su luz para poder entender que una parte de su ser lo acompañaría en su viaje y que sería el nexo que tendrían para mantenerse siempre contactados y a su vez, que este pequeño rayo sería la guía perfecta para cuando el pudiera regresar.
Sin embargo algo no andaba bien. Algo había tanto dentro de la estrella fugaz como dentro de aquel niño. No sabían lo que era, pero si sabían que había una mirada que falta entregar y una palabra que ceder.
Mientras tanto el pequeño niño prepara su retorno. Sus maletas de caramelos y sus pies descalzos. Su mente esta llena de dulces, ilusiones, y cosas extrañas. La dicotomía de sus pensamientos ha sido compañera, y ni siquiera la luna ha podido aconsejarle.
Mientras tanto la estrella brilla por la tierra.
Mientras tanto el niño sonríe.
Mientras tanto la vida se escribe en un cuento de rosas y estrellas.