martes, 19 de octubre de 2010

La mirada del infinito (cientocincuentayunmildiez)


Mientras el mundo seguía con su inerte curso giratorio, la Primavera se ofrecía sobre un mantel blanco de flores una vez más en esta vida.

Mientras los árboles seguían su danza obligada tejida por el viento, las aves planeando sobre algo mas que el infinito, y el sol alumbrando su grandeza desde el cielo, las canciones escritas en calma, en la oscuridad, en el infinito, luchaban por tener aunque sea un minuto de tus ojos sobre su atención.

Fue así como el mundo por solo un segundo se detuvo, la gente no importaba, la nubes se convirtieron en esclavas de nuestra soledad. El monopolio fingido de lo imposible, una vez mas se vestía de cuello y corbata adquiriendo su actitud déspota y egolatra.

La mañana se hizo tarde, y la tarde se transformo en noche. Mientras las palabras eran sentimientos, y a su vez los sentimientos vida.

Las emociones no lograron saltar de los ojos deslizándose por las mejillas. Y tampoco fue necesaria una mano rozando una carita encapsulando en los dedos las gotas de rocío provenientes del alma.

Una vez mas el mundo fue solo eso, mundo.

Un a vez mas, la vida fue solo eso, vida.

Nuevamente las palabras reservadas hace meses quisieron ser reveladas, libres.

Ya no deseaban estar agazapadas tras ojos inciertos. Tras una garganta apretada.

Es por eso que aquel día, jugueteando descontroladas, se tomaron de las manos e iniciaron el vuelo mas hermoso que nunca habían realizado.

El viaje hacía tu alma y corazón.

En el camino dudaron, tuvieron miedo. Se arrepintieron, sin embargo tomando fuerzas de versos lograron bailar juguetonamente sobre tus oídos, sobre tu cuerpo. Simplemente sobre tu corazón.

El día de hoy esas palabras viven en ti. También un poquito en mi. Y viven dentro de los recuerdos de aquel día.

Uno que paralizo por un instante el mundo.

Un día que permitió a los angelitos escaparse de su mundo celestial, para juguetear en tus ojos. Los mismos que un día mire a lo lejos. Y que en aquel momento se convirtieron en oxigeno para el respirar de toda la humanidad.

Mientras el reloj avanza, y el mundo toma nuevamente su rumbo, un poeta vuelve a encapsular palabras dentro de sí. No sabe hasta cuando las tendrá guardadas. No sabe cuando nuevamente será la oportunidad de permitirse soñar.

Mientras tanto aún piensa de forma intermitente en aquella mirada, que tan solo con un parpadeo, fue capaz de detener el pequeño mundo, que vive en el interior de sus pensamientos.





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