En este momento, paralelamente a mis emociones absurdas están ocurriendo tantos sucesos, que no se porque me afectan tanto.
Es como si una lágrima se agrandará cada vez mas y derramara sobre mi pecho miles de pequeñas gotitas reprimidas en forma de melancolía.
Me gustaría dormir cobijado en brazos amables y queribles. En brazos que mientras reposo sobre ellos vallan secando cada uno de los lamentos que mis ojos sollozan al descansar.
M gustaría dormir mientas unos brazos me cobijan, jugueteando con mi cabello y diciéndome palabras lindas de un futuro inmediato. De un pasado lejano.
En este mismo instante, a miles de kilómetros la vida se forma camino, las almas se juntan, se entregan, se llaman las unas a las otras. No conocen de mi existencia, no recuerdan mi dolor. Me vuelvo invisible, cabizbajo, desatento conmigo mismo.
¿Porque duelen tanto las palabras que nunca has escuchado, en comparación a las oídas toda la vida?
Duelen en mis oídos. Duelen en mis pensamientos. Duelen en mis ilusiones llenas de infantilismos baratos y pobres. Es ahí donde mas duele, y no se como detener en mi cuerpo la poca magia que me queda. Estoy tan empobrecido de detalles, y cada día esta situación empeora.
Me estoy convirtiendo en una máquina de caricias inexistentes, mientras tanto mis pasos no van dejando huellas.
Y eso es lo peor. Mis pisadas son horribles, incapaces de desprender algo de carisma para ser seguidas.
Me avergüenzo de marcar mis huellas en la arena ya que nadie las querrá seguir. Me apeno de ocupar espacio en la arena marcando mis torpes pasos, quitándoles y robándoles el lugar a enamorados que alegres corretean a las gaviotas danzantes de espuma y cielos.
Ellos merecen ser dueños de toda la playa, de todo grano de polvo. Los pasos de ellos merecen besar el piso húmedo del mar, ya que son ellos los que dejarán un legado de amor, de besos fraguándose en la eternidad, De manos tomadas eternamente. De imágenes plasmadas en horizontes pasajeros. Aquellos retaros son los que desea capturar una puesta de sol. No mis pasos monótonos y tristones llenos de esperanza vacía.
La luna no desea bañarse en mis pupilas desgraciadas y faltas de amor.
Mis ojos son horrendos en comparación a aquellos que tienen impregnados en sus pupilas cartas hermosas escritas por algún enamorado.
Mis brazos son tan vacíos, tan poco protectores.
Mis dedos parecen ramitas de olivo, que día a día se marchitan entre sí.
Es todo tan extraño desde esta perspectiva en la que veo todas las cosas.
Encuentro insensato el cantar de la mañana, haciéndome despertar de mis sueños alegres de felicidad.
En ellos soy feliz, en ellos vuelo por los aires, alrededor del mundo, y me alegro de ver cuando estallan los cometas sobre el firmamento.
En los sueños, soy príncipe de princesas. En los sueños tengo trajes reales, hermosos, azules. No como los que uso diariamente, que son harapos tejidos por mis constantes alusiones de futuros.
En los sueños navego sobre un hermoso corcel blanco.
Son raros los sueños.
A veces preferiría vivir soñando, que soñar viviendo.
En este mismo instante, de forma paralela, se están creando ilusiones, fantasías. Las almas se entregan al universo y a si mismas.
Es tan bello lo que veo desde mi ventana.
Es tan lejano de mi lo que observo.
¿Porque duelen tanto las palabras que nunca has escuchado, en comparación a las oídas toda la vida?
Debe ser porque solo las he escuchado en sueños remotos, alejados de toda realidad que pueda poseer.
¿Porque duelen tanto las palabras que nunca has escuchado, en comparación a las oídas toda la vida?
En este momento, paralelamente a mis emociones absurdas están ocurriendo tantos sucesos, que no se porque me afectan tanto.
Es como si una lágrima se agrandará cada vez mas y derramara sobre mi pecho miles de pequeñas gotitas reprimidas en forma de melancolía.
Me gustaría dormir cobijado en brazos amables y queribles. En brazos que mientras reposo sobre ellos vallan secando cada uno de los lamentos que mis ojos sollozan al descansar.
Me gustaría dormir mientas unos brazos me cobijan, jugueteando con mi cabello y diciéndome palabras lindas de un futuro inmediato. De un pasado lejano.
En este mismo instante, a miles de kilómetros la vida se forma camino, las almas se juntan, se entregan, se llaman las unas a las otras. No conocen de mi existencia, no recuerdan mi dolor. Me vuelvo invisible, cabizbajo, desatento conmigo mismo.
¿Porque duelen tanto las palabras que nunca has escuchado, en comparación a las oídas toda la vida?
Duelen en mis oídos. Duelen en mis pensamientos. Duelen en mis ilusiones llenas de infantilismos baratos y pobres. Es ahí donde mas duele, y no se como detener en mi cuerpo la poca magia que me queda. Estoy tan empobrecido de detalles, y cada día esta situación empeora.
Me estoy convirtiendo en una máquina de caricias inexistentes, mientras tanto mis pasos no van dejando huellas.
Y eso es lo peor. Mis pisadas son horribles, incapaces de desprender algo de carisma para ser seguidas.
Me avergüenzo de marcar mis huellas en la arena ya que nadie las querrá seguir. Me apeno de ocupar espacio en la arena marcando mis torpes pasos, quitándoles y robándoles el lugar a enamorados que alegres corretean a las gaviotas danzantes de espuma y cielos.
Ellos merecen ser dueños de toda la playa, de todo grano de polvo. Los pasos de ellos merecen besar el piso húmedo del mar, ya que son ellos los que dejarán un legado de amor, de besos fraguándose en la eternidad, De manos tomadas eternamente. De imágenes plasmadas en horizontes pasajeros. Aquellos retaros son los que desea capturar una puesta de sol. No mis pasos monótonos y tristones llenos de esperanza vacía.
La luna no desea bañarse en mis pupilas desgraciadas y faltas de amor.
Mis ojos son horrendos en comparación a aquellos que tienen impregnados en sus pupilas cartas hermosas escritas por algún enamorado.
Mis brazos son tan vacíos, tan poco protectores.
Mis dedos parecen ramitas de olivo, que día a día se marchitan entre sí.
Es todo tan extraño desde esta perspectiva en la que veo todas las cosas.
Encuentro insensato el cantar de la mañana, haciéndome despertar de mis sueños alegres de felicidad.
En ellos soy feliz, en ellos vuelo por los aires, alrededor del mundo, y me alegro de ver cuando estallan los cometas sobre el firmamento.
En los sueños, soy príncipe de princesas. En los sueños tengo trajes reales, hermosos, azules. No como los que uso diariamente, que son harapos tejidos por mis constantes alusiones de futuros.
En los sueños navego sobre un hermoso corcel blanco.
Son raros los sueños.
A veces preferiría vivir soñando, que soñar viviendo.
En este mismo instante, de forma paralela, se están creando ilusiones, fantasías. Las almas se entregan al universo y a si mismas.
Es tan bello lo que veo desde mi ventana.
Es tan lejano de mi lo que observo.
¿Porque duelen tanto las palabras que nunca has escuchado, en comparación a las oídas toda la vida?
Debe ser porque solo las he escuchado en sueños remotos, alejados de toda realidad que pueda poseer.
Por eso que me esmero en sacar sonrisas. En hacer sentir feliz a una flor entregándosela a los parques.
Es tan raro el mar que besa mis pies incoloros e inertes.
Pareciera como si quisiera hacerme reír haciéndome cosquillas sobre mis dedos.
Me pide que por favor a pesar de estar solo, aún así enmarque mis pisadas en su existencia. En ese instante solo atino a regalarle una sonrisa y continuar derribando castillos construidos en el aire.
Por eso que me esmero en sacar sonrisas. En hacer sentir feliz a una flor entregándosela a los parques.
Es tan raro el mar que besa mis pies incoloros e inertes.
Pareciera como si quisiera hacerme reír haciéndome cosquillas sobre mis dedos.
Me pide que por favor a pesar de estar solo, aún así enmarque mis pisadas en su existencia. En ese instante solo atino a regalarle una sonrisa y continuar derribando castillos construidos en el aire.

