Y aún asi bebo de las ansías nocturnas, indeseables, caprichosas, endebles y sublimes de un beso.
Me parece fastidiosamente extraño el añadir palabras subersivas a este espacio casi mudo, casi eterno, casi mío. Cuando sientes que hay miles de cosas que deseas decir. Otras tantas expresar, y unas tantas desear.
A veces tenemos miles de ilusiones fantasmas, de palabras ahogadas en nuestra garganta. Anhelos naufragos de nuestra mente, que acampan en nuestro corazón hipócrita, que lucha contra si mismo para no sufrir y no marchitar mas su color.
El tiempo es consejero, amigo. Solo conviviendo con el me he dado cuenta que existe. Solo siendo un tanto infeliz he notado que sus minutos tienen sesenta segundos, y su hora, algo más que sesenta minutos.
Me siento torpe. Casi como un niñito malcriado acostumbrado a tomar refrescos y comer dulces cada vez que lo desee.
Continuo falto de detalles, llenando mi vida, de regalos inertes, que nunca se materializarán, o que tan solo pasará demasiado tiempo antes de que sean entregados a la persona que realmente merezca recibirlos, y mejor aún que los valore, tanto como lo hago, que los entienda, tanto como yo me comprendo a mi mismo, y que los respete, tanto como mis ojos respetan su respirar.
Cuando se llenan de ilusiones tus latidos, es como si palabras a granel dominarán el mundo, es como si metáforas ausentes dentro de un poema se convirtieran en solo letras entrelazadas sin ningún significado mas que unir oraciones abochornadas y testarudas.
Cuando mueren los lamentos en los ojos, las palabras en la garganta, los besos en tus propios labios, y los abrazos en tus codos, es cuando realmente sientes que te estorba y molesta el hecho de respirar, y te agota ciegamente los discursillos baratos que hablan de aventuras futuras que te harán olvidar las presentes penas del mañana.
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La segunda visión recibida fue un colibri juguetón dando vueltas por el cielo, besando las ramitas de los árboles, descendiendo y elevándose hasta casi tocar las nubes.
En sus alas iba los cuentos que hablaban de mundos que recorrer, gotas de lluvia que debía esquivar. Lamentos que debía persuadir con su aleteo de colibri (juguetón).
Siempre esta avecilla de tiernos ideales y mensajera de sueños, recorría grandes cantidades de ciudades estrelladas, de bosques encantados, de literatura muerta en cartas. Su especialidad era volar al infinito transmitiendo mensajes de buenaventura, de esperanza, y uno que otro recuerdo loco que se halla escapado de la mente de otro loco que espera ser comprendido solo por el hecho de ser valiente y sagaz.
Asi el avecilla de vuelo endemoniadamente feliz azota el firmamento con su canto de felicidad caminando, volando, saltando y aleteando, como si se le fuera la vida en ello. Por eso yo lo observo desde mi ventana, danzando sobre mis palabras, escuchando mi mensaje, anotando cada una de mis peticiones, entusiamado por entregar mis ilusiones al ser que deseo que las escuche.
El avecilla se encaragará de tocar la ventana de esa persona por la mañana, de cantar, de bailar y con una suave melodía la despertará. Le entregará mis ilusiones y sueños. Le regalará mis metáforas ausentes, en donde aquel ser pueda recostar su cabeza y reanudar su sueño, sabiendo que alguien sueña con ella y soñando que sueña con un ser amado.
